Wearables

El auge del wearable sin pantalla: cuando la tecnología deja de pedir atención

Durante años, la evolución de los wearables parecía bastante clara: más pantalla, más funciones, más aplicaciones y más motivos para mirar nuestra muñeca. El smartwatch se convirtió poco…

Persona que tiene una pulsera Google Fitbit Air en la muñeca.

Durante años, la evolución de los wearables parecía bastante clara: más pantalla, más funciones, más aplicaciones y más motivos para mirar nuestra muñeca.

El smartwatch se convirtió poco a poco en una extensión del teléfono. Nos permite responder mensajes, consultar mapas, controlar música, pagar, recibir llamadas y revisar decenas de métricas relacionadas con nuestra salud.

Pero últimamente está creciendo una tendencia que va justo en la dirección contraria: wearables que quieren medirlo todo sin enseñarnos nada en una pantalla.

Pulseras como WHOOP o Amazfit Helio Strap, y dispositivos todavía más discretos como Oura Ring o Galaxy Ring, parten de una filosofía diferente. No quieren sustituir al smartphone ni convertirse en otro pequeño ordenador en nuestra muñeca. Su función principal es registrar información y dejar que nosotros decidamos cuándo queremos consultarla.

Y personalmente, cuanto más lo pienso, más sentido me parece que tiene.

Otra pantalla más no siempre es mejor

Me gustan los smartwatches y creo que siguen siendo dispositivos muy útiles. Poder salir a hacer deporte sin llevar el móvil, consultar una notificación rápida o revisar una ruta desde la muñeca son ventajas reales.

El problema es que también hemos convertido el reloj en otro lugar donde recibir interrupciones.

Un correo. Un WhatsApp. Una llamada. Una alerta. Otra vibración.

En teoría, mirar el reloj durante dos segundos parece menos invasivo que sacar el teléfono. En la práctica, seguimos rompiendo nuestra atención.

Por eso me resulta interesante que algunos wearables estén intentando justo lo contrario: estar presentes sin hacerse notar.

El wearable como sensor invisible

WHOOP lleva años defendiendo esta idea. No tiene pantalla y centra su experiencia en medir descanso, recuperación, esfuerzo y diferentes métricas relacionadas con la salud. Amazfit ha seguido una dirección similar con Helio Strap, mientras que los anillos inteligentes llevan el concepto todavía más lejos.

La idea es bastante sencilla: llevar un dispositivo durante muchas horas, dejar que recopile información y consultar después los datos desde el móvil.

No necesitamos saber nuestra frecuencia cardíaca cada cinco minutos. Tampoco necesitamos revisar constantemente cuánto hemos dormido o cómo está nuestra recuperación.

Lo que realmente necesitamos es que el dispositivo sea capaz de interpretar esos datos y decirnos algo útil.

Ahí creo que está el verdadero valor de esta nueva generación de wearables.

Menos datos, más contexto

Durante mucho tiempo las marcas han competido por añadir métricas.

Más sensores. Más gráficas. Más indicadores.

Pero tener más información no significa necesariamente entender mejor nuestro cuerpo.

Personalmente, prefiero que un wearable me diga que llevo varios días durmiendo peor de lo habitual o que quizá debería reducir la intensidad del entrenamiento antes que tener diez gráficas nuevas que no sé interpretar.

Y aquí es donde el software empieza a ser tan importante como el propio dispositivo.

La inteligencia artificial y los sistemas de análisis pueden convertir horas de datos en una recomendación sencilla. Si eso funciona bien, la pantalla del wearable deja de ser necesaria.

El teléfono se convierte simplemente en el lugar donde consultamos el resultado cuando queremos hacerlo.

El sueño es probablemente el mejor ejemplo

Dormir con un smartwatch no siempre es cómodo. Algunos relojes son grandes, pesan bastante y además necesitan cargarse con frecuencia.

Los anillos inteligentes y las pulseras más ligeras intentan reducir precisamente esa fricción.

Cuando vamos a dormir no necesitamos otra pantalla.

No necesitamos aplicaciones.

No necesitamos notificaciones.

Necesitamos un dispositivo suficientemente cómodo como para olvidarnos de que lo llevamos puesto.

Y cuanto menos presente esté la tecnología durante ese momento, mejor.

No creo que el smartwatch vaya a desaparecer

Esta tendencia no significa que los relojes inteligentes estén condenados.

Hay muchas situaciones donde una pantalla sigue siendo necesaria.

Si salgo a correr, quiero ver el ritmo. Si estoy siguiendo una ruta, quiero consultar indicaciones. Y si quiero salir sin teléfono, un smartwatch con conectividad tiene muchísimo más sentido que una pulsera pasiva.

Por eso creo que ambos formatos pueden convivir.

El smartwatch funciona cuando queremos interactuar con la tecnología.

El wearable sin pantalla funciona cuando queremos que la tecnología trabaje sin interrumpirnos.

Y esa diferencia me parece cada vez más importante.

Mi conclusión

Durante años hemos intentado que nuestros relojes hicieran cada vez más cosas.

Ahora estamos empezando a descubrir que quizá existe otra forma de entender los wearables.

Dispositivos más pequeños, más discretos y menos invasivos, capaces de medir nuestra actividad, descanso o recuperación sin convertirse en otro lugar donde recibir notificaciones.

No creo que el futuro sea eliminar todas las pantallas.

Pero sí creo que estamos entrando en una etapa en la que empezaremos a valorar mucho más la tecnología que sabe cuándo no necesita nuestra atención.

Y quizás el wearable más inteligente no sea el que más información nos enseña.

Quizá sea simplemente el que consigue hacer su trabajo mientras nosotros nos olvidamos de que está ahí.

 

Roger
Sobre el autor

Roger

Soy Roger, Digital Category Manager con más de 10 años de experiencia en tecnología, Smartphones, IA y optimización del día a día. Comparto lo que aprendo, lo que pruebo y mi visión de la tecnología.

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