Análisis

Dos meses con Google Fitbit Air: lo mejor es olvidarte de que lo llevas

Cuando empecé a utilizar el Google Fitbit Air tenía bastante curiosidad por comprobar si un wearable sin pantalla podía encajar realmente en mi día a día. Estamos acostumbrados…

Caja de la pulsera Fitbit Air

Cuando empecé a utilizar el Google Fitbit Air tenía bastante curiosidad por comprobar si un wearable sin pantalla podía encajar realmente en mi día a día. Estamos acostumbrados a que una pulsera o un smartwatch intente enseñarnos constantemente información, pero Fitbit Air propone exactamente lo contrario: medir actividad, frecuencia cardíaca, sueño y otras métricas de salud sin notificaciones, aplicaciones ni una pantalla reclamando nuestra atención. Después de aproximadamente dos meses llevándolo prácticamente todos los días, creo que precisamente ahí está su mayor virtud. Es uno de esos dispositivos que termina funcionando mejor cuanto menos recuerdas que lo llevas puesto.

El Fitbit Air pesa alrededor de 12 gramos con la correa y esa ligereza se nota especialmente cuando lo utilizas durante todo el día y, sobre todo, para dormir. En mi caso la comodidad ha terminado siendo uno de los aspectos que más valoro: puedes llevarlo durante horas sin esa sensación de tener otro dispositivo tecnológico en la muñeca. Esto también ayuda a conseguir algo fundamental en cualquier wearable orientado a salud: continuidad.

Cuanto más tiempo lo llevamos, más completos son los datos y más sentido empieza a tener la información que vemos posteriormente en Google Health. Es una sensación que también aparece de forma consistente en otras pruebas del dispositivo, donde precisamente comodidad y diseño discreto son dos de sus características mejor valoradas.

Después de dos meses, el sueño es donde más sentido le encuentro

Si hay un apartado donde personalmente creo que Fitbit Air funciona especialmente bien es en el seguimiento del sueño. No solamente por los datos que recopila, sino porque el propio formato facilita utilizarlo todas las noches. Un smartwatch grande puede terminar resultando incómodo en la cama y además suele obligarnos a buscar algún momento del día para cargarlo. Con Fitbit Air la experiencia es mucho más sencilla: te lo colocas y prácticamente te olvidas de él.

Durante estas semanas los registros de sueño me han parecido bastante consistentes y, más que obsesionarme con una noche concreta, encuentro valor en poder observar tendencias durante varios días. Dormir menos de lo habitual, cambios en horarios o días donde la recuperación parece peor empiezan a tener más sentido cuando tienes suficiente histórico. Fitbit Air registra sueño, frecuencia cardíaca, variabilidad de frecuencia cardíaca y otras métricas que Google Health intenta posteriormente convertir en información más fácil de interpretar. Esa es, para mí, una dirección mucho más interesante que simplemente acumular gráficas.

La ausencia de pantalla también ha terminado gustándome más de lo que esperaba. Al principio puede parecer una limitación porque no puedes consultar pasos, frecuencia cardíaca o información del entrenamiento directamente desde la muñeca. Después de dos meses, sin embargo, he dejado de verlo necesariamente como algo negativo. Si quiero revisar mis datos, abro Google Health. El resto del tiempo la pulsera simplemente hace su trabajo. No vibra porque ha llegado un correo, no me enseña WhatsApp y no me da otro motivo para mirar una pantalla.

Google también ha ido mejorando el ecosistema durante este tiempo. Una de las novedades recientes que me parecen especialmente importantes es la sincronización con Apple Health. Desde Google Health 5.05, en iPhone se pueden compartir datos como ejercicio, pasos, constantes vitales y sueño registrados por Fitbit Air directamente con Salud de Apple. Para alguien que quiera utilizar Fitbit Air sin abandonar el ecosistema de salud de iOS, elimina una de las limitaciones que tenía inicialmente el producto.

¿Lo seguiría utilizando?

Sí, aunque teniendo claro qué tipo de producto es. Fitbit Air no pretende sustituir completamente a un smartwatch. Cuando hago deporte y quiero consultar información en tiempo real, seguir una actividad o simplemente tener una pantalla disponible, un reloj sigue siendo mucho más completo. También hay margen de mejora en la detección automática de determinadas actividades, algo señalado igualmente en distintas pruebas del dispositivo.

Donde Fitbit Air tiene sentido es en otro escenario: monitorización continua sin distracciones. Para registrar sueño, actividad diaria, frecuencia cardíaca y tendencias generales durante las 24 horas me parece un formato cada vez más interesante. Incluso puedo entender perfectamente utilizarlo junto a un smartwatch, dejando el reloj para deporte o determinados momentos del día y manteniendo Fitbit Air como sensor permanente.

Después de dos meses mi conclusión ha cambiado respecto a los primeros días. Al principio me preguntaba si echaría de menos la pantalla. Ahora creo que precisamente no tenerla es una de las razones por las que el dispositivo funciona tan bien para mí. Es cómodo, discreto y consigue algo que no siempre asociamos con un producto tecnológico: no intenta continuamente que interactúe con él.

Y quizá esa sea la mejor forma de definir Fitbit Air. No es el wearable que más cosas hace delante de nosotros, sino uno que intenta recopilar suficiente información mientras seguimos con nuestra vida. Después de dos meses, esa filosofía me convence bastante más de lo que esperaba.

Roger
Sobre el autor

Roger

Soy Roger, Digital Category Manager con más de 10 años de experiencia en tecnología, Smartphones, IA y optimización del día a día. Comparto lo que aprendo, lo que pruebo y mi visión de la tecnología.

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